Las casas de colores son una hilera de viviendas pintadas de colores vivos en el borde del casco antiguo de La Vila Joiosa, sobre el tramo final del río Amadorio y cerca de la playa. Forman una de las estampas más fotografiadas de la costa.
La hilera de casas pintadas de colores vivos es una de las imágenes más conocidas de La Vila Joiosa (Villajoyosa). Es también una de las vistas más fotografiadas de la zona, con más de 12 000 fotos en su ficha de Google. Las casas se levantan en el borde del casco antiguo, algunas directamente sobre la muralla renacentista, sobre el tramo final del río Amadorio y cerca de la playa Centro. Según eldiario.es, las antiguas viviendas de pescadores se pintaban de tonos distintos para poder localizarlas desde las barcas al volver a tierra. La web de turismo municipal añade que los vecinos empezaron a construir sobre la muralla a finales del siglo XVIII, cuando desapareció el peligro argelino y la muralla dejó de ser útil. La villa la fundó en 1301 el almirante Bernat d'En Sarrià, y la muralla se levantó a mediados del siglo XVI, tras los devastadores ataques corsarios de 1538 y 1543. La muralla fue declarada Bien de Interés Cultural en 1985, y el casco antiguo está protegido como conjunto histórico. Las fachadas lucen aleros decorados, hornacinas, rejerías y balcones, y la web de turismo las considera el ejemplo mejor conservado de la policromía tradicional del Mediterráneo occidental, junto a Girona, Malta o algún barrio de Venecia. Las casas se ven bien desde el puente de la carretera y desde la orilla sur del río, y de cerca desde el paseo de San Pedro, junto a la playa Centro. En el casco antiguo se alza también la iglesia-fortaleza gótica de la Asunción, con paso de ronda alrededor del tejado y saeteras, y de la muralla se conservan, entre otros, baluartes circulares. El raval marinero, que se extiende hasta la playa, data del siglo XVIII, cuando el crecimiento de la población obligó a construir extramuros. En las opiniones se repiten el paseo marítimo y la playa; un visitante elogia las cafeterías del paseo y las vistas hacia Benidorm, y otro señala que los colores son menos intensos que en algunas fotos. Para la vista bastan unos 40 minutos, así que conviene combinarla con un paseo por el casco antiguo y una visita al Museo del Chocolate Valor, instalado en la antigua pequeña fábrica familiar de una empresa fundada en 1881. Los visitantes llegan, entre otras formas, en tranvía desde Alicante y desde Benidorm; uno de ellos avisa de que desde la parada hay una buena bajada hasta la playa, pero hay ascensores para volver a subir. Las casas se ven desde fuera, ya que, como apunta un visitante, hoy son sobre todo viviendas.
Las casas se ven desde fuera.
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